miércoles, 24 de julio de 2013

¿El cabello hace a la mujer?




Por: Acuaria Fischer


Rubia, morena, castaña o pelirroja es la forma en que se describe a una mujer a simple vista. Lo primero a lo que echamos ojo es al color del cabello seguido por el largo o corto.
El antropólogo Desmond Morris ha investigado concienzudamente el significado de la cabellera femenina en todas las fases de la historia humana. Para empezar, plantea la pregunta ¿Por qué les crece tanto? ¿Tiene el largo algún significado inconsciente? La respuesta, quizá evidente para muchos, es la siguiente; la cabellera es lo que dota a la mujer de personalidad y atractivo.
La cabellera femenina representa en la sociedad, sobre todo en la religión, la conducta que el hombre tiene sobre sus deseos e impulsos sexuales. El cabello ha sido motivo de estrictos tabúes que recaen sobre sus portadoras, ya que ellas son las poseedoras de las agraciadas melenas y generan, aunque no busquen, las más bajas pasiones. Por tanto, si quieres conocer una cultura, no mires a sus hombres, contempla a sus mujeres y lo sabrás todo.
Ejemplo de ello son las musulmanas, donde en casos extremos rapan su cabellera y la cubren con una peluca, o bien, sólo pueden mostrar sus cabelleras en el interior del hogar y en presencia del esposo. Si un mechón de cabello llega a juguetear saliéndose del hiyab andando en la calle, una autoridad religiosa puede incluso golpearla en señal de castigo y advertencia a mantenerse alerta. Sin irnos más lejos, nuestra religión católica hace más o menos lo mismo a aquellas mujeres que deciden dedicar su vida a Dios, de inmediato son castradas en su cabellera, manteniéndolo corto, mutilando metafóricamente su sexualidad y lo que resta de cabello es cubierto por un velo. Cortar los cabellos de una mujer representa, en el aspecto psicológico, la pérdida de la identidad y la falta de motivos. Muchas mujeres se mutilan a sí mismas cuando pierden algo valioso en su vida. El cabello es un lienzo de expresión.
Las trenzas, las coletas y los moños son decorados que se han mostrado en piezas de barro antes de nuestra era. El cabello es la parte del cuerpo femenino que permite la experimentación, gracias a él, la féminas muestran su personalidad, tipo de cultura, estatus social y estado de ánimo.
Se sabe que una mujer con el cabello corto y holgado transmite un mensaje de despreocupación y de carácter activo, representando a un joven adolescente intrépido y coquetón. Una mujer con el cabello largo y recogido de forma estricta implica una personalidad política e inaccesible. Al contrario del cabello largo y suelto, para muchos, indica pobreza de espíritu, pero para otros, desenfado y libertad, es la señal perfecta para los hombres de que pueden acercarse y no ser rechazados.
No todo queda en el peinado ¿Qué sucede con el color?
Es cierto que en el mundo hay más castañas que rubias y más rubias que pelirrojas. Las favoritas desde los tiempos inmemorables han sido las mujeres de cabellos claros, pero ¿a qué se debe esta predilección? A la necesidad que "comos humanos" tenemos a hacer uso de lo simbólico.
El color claro representa la pureza, la suavidad y la luz. La inocencia y lo que debe ser custodiado. Una mujer rubia siempre desprenderá en el proveedor / protector esa sensación de cuidado y delicadeza, mientras que la mujer de cabello oscuro representa lo maduro, lo sombrío y hasta lo desafortunado. La mujer pelirroja, sin embargo, es la rareza, para muchos excitante, para otros, aterrador, ya que le fue heredado, gracias a la superstición medieval, una relación estrecha con el demonio y las artes negras.
Ahora bien, la diversidad y el avance que hemos tenido como sociedad ha permitido que las mujeres hagan con su cabello lo que mejor les acomode. Poco a poco, la cultura global en la que vivimos se ha ido desprendiendo de tabúes que marcaban a las mujeres por el sólo hecho de tener un color de pelo y un largo en específico. Aunque hay cosas que no cambian, ahora son más las rubias artificiales sobre el planeta ¿será que la escasez de hombres proveedores nos obliga a disfrazar nuestros cabellos para encontrar una pareja estable?
Seguramente la mayoría de las mujeres que lean este artículo serán de cabellos oscuros, no nos sintamos mal, la parte positiva de nuestro color es que representamos la fuerza, lo misterioso y lo infinito del espacio. Pensemos, fueron las morenas quienes dieron pie al poder femenino. Si decides teñirte el cabello que sea para jugar con tu apariencia y divertirte con ella, no por sentir la opresión de que no serás elegida. Después de todo, buscamos lo mismo; ser nosotras mismas.

nota: Las presentes imágenes se obtuvieron de la red. Si el autor de algunas de éstas fotografías está en desacuerdo con el uso que provee en el blog, favor de anunciar su petición para ser removidas de inmediato. Enviar solicitud a melissa.limon@interpress.mx

miércoles, 17 de julio de 2013

Lo que ellas quieren y no dicen


Por: Flor Khaleesi


Hasta hace apenas unas décadas, las funciones del hombre y la mujer estaban muy bien definidas, pero también limitadas; ella se dedicaba a las labores del hogar, mientras él trabajaba todo el día para llegar a casa y ser atendido por su esposa; aquella esposa calmada y obediente siempre preparada para entregar su cuerpo ante el inminente instinto de su macho, cuyo “único” interés era procrear descendencia con la mujer que eligió como madre de sus hijos. 
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Evidentemente, el sexo de antaño era algo fácil para el hombre, no había que preguntar ni esforzarse por dejar a la hembra satisfecha, su satisfacción no existía, hasta que llegó la revolución sexual.
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A partir de 1950,  la liberación o revolución sexual hizo evidente las necesidades de las mujeres, quienes se atrevieron a tomar el control de su cuerpo y sexualidad. Reclamaban el placer que se les había negado ancestralmente.
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Pero, ¿qué pasa con el hombre? Simplemente no entiende esta liberación combinada con libertinaje y no siempre sabe interpretar lo que su ansiosa fémina desea recibir de él.
Por difícil que sea aceptarlo, el sexo no es todo en la vida, pero casi todo gira alrededor de él. Muchas de las exigencias de ellas son simples, esperarán ávidas una estimulación que vaya más allá de los genitales masculinos, pero nunca esperes que te lo digan, la clave está en adivinar.
Si buscas tener una dama rebosante de buen humor y que no tenga un "pero" en la boca, tendrás algo de tarea que hacer:
 
Aprovecha la tecnología y sé picante. Envíale un mensaje subidito de tono recordándole lo sensual que se veía en la última ocasión en que tuvo la iniciativa y lo cachondo que te puso. Lograrás que te busque con mayor frecuencia y con más ideas que te pondrán a tu máximo potencial. 
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Sorpréndela. ¿A quién no le gustan las sorpresas? Tratándose de mujeres, puede ser solución a casi cualquier problema y no necesariamente implica hacer mucho trabajo o cubrir altos costos. Cáchala en la ducha, es un momento ideal ya que se encuentra totalmente desnuda y relajada. Compartirán un momento íntimo y sensual, además de dar variedad a la vida sexual. De esta manera, ella sentirá que despierta tus deseos en cualquier momento y situación.
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Juega en momentos poco apropiados. Hay momentos que parecen estar exentos de provocar deseo, sin embargo, pueden ser la ocasión perfecta para decirle que te encanta su cuerpo. Por ejemplo, cuando tu chica esté en una llamada telefónica, llénala de suaves besos en su cuello y baja lentamente hasta la excitante parte del escote. Tus manos pueden hacer un excelente trabajo al tocar lentamente el contorno de sus muslos. Cuando esté hablando con alguno de sus padres, esta situación se tornará más caliente.
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Enfócate en la satisfacción. Se cree equivocadamente que la penetración es el punto más alto de una relación sexual, y puede serlo, pero para los hombres, no así para las mujeres. Siete de cada diez mujeres necesitan estimulación en el clítoris para llegar al orgasmo, pero hay muchos otros puntos que la harán estallar. Recorrer todo su cuerpo con tus manos, chupar sus senos y espalda lograrán que su cuerpo tenga sensaciones maravillosas al mismo tiempo, preparándola para el punto máximo de éxtasis al momento de la penetración. 
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Las pelis porno se quedan cortas. Ver juntos una peli porno funciona para ambos e indudablemente terminarán en una situación donde la temperatura aumentará considerablemente y tendrán imágenes en la cabeza que querrán llevar a cabo. Recuerda, si desconfías en cómo responda ella ante desafiante propuesta, la clave está en no preguntar, sólo afirma lo que quieres hacer.
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Nueve más uno igual a excelencia. Si realmente quieres ser un seductor de primer nivel, hay que estudiar un poquito, no todo es instinto. Los primeros dos centímetros de la vagina están dotados de mucha sensibilidad. Al momento de penetrar, céntrate en esta parte haciendo nueve penetraciones superficiales y por último una profunda. Lo primero que sentirás son las contracciones de su vagina sobre tu pene, lo cual te dejará muy alegre. O bien, el sexo oral le encantará, antes de contar 30 segundos, cambia tu lengua a la zona del clítoris e introduce tus dedos índice y medio para estimular los dos centímetros mágicos.
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Escucha lo que dice. Una mujer siempre dirá lo que quiere, pero de forma indirecta. Si menciona que le gustó un conjunto de lencería es porque quiere que se lo compres, si dice que le encantaría un baño de burbujas en un jacuzzi, su principal deseo es que la lleves a un lugar con dichas cualidades. El primer beneficiado serás tú.

Ser un excelente amante no es cosa del otro mundo, sólo falta poner atención y atreverse a hacer un poco más. ¡Sácale jugo a la liberación sexual!

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miércoles, 10 de julio de 2013

Los sabores del sexo

 
Por: Violeta Ese 


Nuestros sentidos son la puerta al mundo; gusto, tacto, olfato, oído y vista conforman una herramienta eficaz para determinar lo que nos gusta o desagrada de nuestro alrededor.

La atracción va más allá de la belleza corporal y es que absolutamente todos los sentidos interfieren a la hora de escoger pareja ya que son capaces de provocar sensaciones y emociones casi indescriptibles. Muy bien dicen que el amor entra por los ojos, que el olor de tu pareja es el más delicioso perfume y que no hay mejor sensación que palpar el cuerpo de tu ser amado, pero, ¿qué pasa con el gusto?

El sentido del gusto se encuentra en la lengua y está dotada de aproximadamente 10,000 papilas gustativas, las cuales permiten que un ser humano identifique los sabores de acuerdo a las cualidades químicas de lo que está degustando. 

En situaciones más íntimas, la experiencia sensorial del gusto aumenta el deseo entre la pareja siendo el beso el preludio de la relación sexual.  Durante este primer intercambio de fluidos, el hombre transfiere testosterona a la mujer para aumentar su excitación. Cuando el sabor de la saliva es agradable, el disfrutar de este húmedo aperitivo puede hacer más placenteras las relaciones sexuales además de funcionar como un lubricante inagotable.

Si nos desplazamos un poco más abajo encontramos los genitales y es ahí en donde, además de la penetración, toma lugar el sexo oral: la estimulación de los genitales con los labios, la lengua e incluso los dientes.

Asumiendo que se tratara de una pareja heterosexual, cuando el hombre es el receptor del sexo oral, la máxima estimulación sensorial gustativa para la mujer es la eyaculación. El semen puede tener diferentes sabores de acuerdo a la alimentación; cuando la dieta es rica en grasas, picantes, pocos alimentos naturales y, además, fuma y bebe, la tendencia de su sabor seminal será poco agradable. Al contrario de los que comen frutas y verduras, cuyo sabor será insípido. Por otro lado, aquellos cuya dieta tiene altos niveles de azúcares tendrán, naturalmente, un sabor dulce y quienes sean adoradores de las carnes rojas tendrán un sabor agrio.

No es muy diferente en las mujeres. El sabor y la consistencia del flujo vaginal también depende de sus hábitos y la alimentación. El consumo de alcohol y tabaco provocan un sabor amargo; las carnes rojas y complejos vitamínicos hacen al flujo agrio; en tanto que las bebidas azucaradas, hidratos, pasteles y helados aportan un sabor dulce. Para tener una experiencia gustativa agradable y suave hace falta tener una dieta rica en frutas y verduras.
Disfrutar el sabor de tu pareja maximiza la actividad sexual. Degustar cada milímetro de su piel puede llevarte a una explosión de sabores que seguramente querrás volver a probar y en esta práctica no hay lugar para el miedo a la experimentación. Aunque algunos piensen que lo natural es lo mejor, siempre podemos intensificar la estimulación con otros líquidos que no precisamente sean producidos por nuestro cuerpo; lubricantes de amplia variedad de sabores, miel, chocolate líquido, etc.

Lo importante es que tengamos en mente que recibimos la estimulación sexual a través de los cinco sentidos. Si hacemos uso adecuado de cada uno de ellos, seguramente aumentará nuestro deseo hacia la pareja. Al final de cuentas, el amor realmente es ciego y la unión mente-cuerpo hacen de nosotros todo un universo por explorar. 


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miércoles, 26 de junio de 2013

El síndrome del impostor



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Por: Acuaria Fischer
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1.     La gran mayoría de las veces siento que mi éxito depende de la suerte y no de mi talento.

2.     Me cuesta trabajo aceptar los elogios recibidos.

3.     Por más que me prepare siempre me falta información.

4.     Aunque no lo demuestro, dudo de mí todo el tiempo. En ocasiones, presento crisis de ansiedad.

5.     Me sorprende que mis jefes confíen en mí si soy un incompetente.

6.     Creo que la gente me sobrevalora. En realidad soy un fiasco.

Si contestaste a más de cuatro preguntas de forma afirmativa, seguro tienes el síndrome del impostor. Este término se acuñó en 1978 por las psicólogas Pauline Clance y Suzzane Imes y lo definen como la incapacidad de aceptar los logros debido a que quien lo padece “cree” que es un fraude y que en cierto momento lo atraparán y lo pondrán en evidencia ante todos.

Este síndrome, que no es propiamente una enfermedad mental, sí presenta algunos características muy propias de sus portadores, por ejemplo; suelen ser personas muy inteligentes, perfeccionistas, con trabajos orientados a la constante toma de decisiones. Su nivel de exigencia es alto y viven en constante estrés o ansiedad derivado de que creen que todo lo que hacen bien en realidad no lo está.

Su temor más grande es ser señalado como incompetentes, cuando en realidad, sus colegas tienden a referirse a ellos como grandes promesas o talentos invaluables. Lo cierto es que el “impostor” vive con una disonancia entre la imagen que tiene de sí mismo y lo que ven quienes lo rodean.

El 70% de la población ha padecido alguna vez este síndrome y es normal dudar de uno mismo de vez en vez, pero es el 40% de la población profesional que duda constantemente de sus habilidades. Este síndrome ataca particularmente a las mujeres debido a un estilo de vida cada vez más agitado que les exige ser multifuncionales.

Si bien es cierto que no es catalogado como un problema fuerte, quien lo padece tiene que trabajar en sí mismo para no aferrarse a su falsa imagen.

Aquí algunos tips:

·       Reconoce que haces bien tu trabajo y que equivocarse es de humanos. Todos lo hacemos y dudamos alguna vez de nosotros mismos.
·       Acepta los elogios. Deja de pensar en los errores chiquitos que nadie notó y que todo el mundo comete.
·       Sustituye pensamientos; no te dejes llevar por tus propias autocríticas.
·       Relájate; cambia de ambiente cada vez que sientas que tu trabajo no está bien y que serás encarcelado por no hacerlo mejor.

Es bueno saber que este síndrome se genera durante la infancia y tiene su clímax en la edad adulta. Se destapa debido a que de niños no se recibió el suficiente estímulo sobre algún talento intelectual o manual, o, en su caso, siempre que el pequeño presentaba algo a sus papás o maestros, el tutor en lugar de felicitarlo, lo corregía de manera autoritaria.

Ahora ya lo sabes. No más síndrome del impostor. Estás donde estás porque lo mereces. Ha sido tu esfuerzo y tu talento quien te tiene en la posición donde estás. Sí, es un halago, tómalo y disfrútalo, no dejes que tu cerebro empiece a decirte lo contrario.

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miércoles, 19 de junio de 2013

Hombres, el tamaño sí importa

 

Por: Violeta Ese

Dicen que la primera impresión es lo que cuenta y no hay momento más angustiante para algunos caballeros y gratificante para otros que, cuando la chica con quien planean intimar por primera vez, realiza un escaneo de arriba hacia abajo. Algunas con sutileza detienen la mirada en esa parte media, otras, simplemente no controlan su expresión. Si aún no te queda clara de qué parte media hablamos, aquí la respuesta: el pene.

Los hay anchos, delgados, largos, cortos, enterrados, con o sin prepucio, rosaditos, morenos y oscuros. Sin importar sus características, este músculo es la identificación por excelencia del “ser hombre”, por lo que es signo, para sus portadores, de virilidad, fuerza, potencia y, por supuesto, placer. No hay hombre que no quiera hacer cantar una opereta a su pareja durante la actividad sexual, trofeo por el buen uso de su herramienta. Sí, esa herramienta cuyo tamaño y grosor es la obsesión para casi todos hombres del planeta.

Las mujeres tomamos una postura compasiva ante aquel macho que se siente defraudado por ese rincón viril al que le ponen nombre y hasta personalidad. ¡Algunos incluso hablan con él! Sin importar las palabras féminas de consuelo, la inseguridad y el nerviosismo pueden hacer que el pequeño “Killer” pierda ánimos y empiece a cabecear. Y es que no hay palabras que ayuden, pues aunque se repita mil veces que “el tamaño no importa”, también es cierto que del “dicho al hecho hay mucho trecho”.

La realidad es que el tamaño del pene no importa sólo si nos tomamos el tiempo para reflexionarlo, ya que buscamos, nosotras, compensarlo con el desempeño, entusiasmo o utilería. Pero a golpe de ojo, un pene protuberante siempre le dará un atractivo extra a su portador. Que lo sepa usar es otra cosa.

De acuerdo a un estudio realizado por la Universidad de Canberra en Australia, un pene grande siempre dará puntos a favor en la selección instintiva de pareja de una mujer. Un total de 53 siluetas masculinas fueron proyectadas a 105 mujeres de edad promedio de 26 años; se les pidió que calificaran del 1 al 7 a cada uno de los cuerpos según su atractivo y dio la casualidad de que aquellos cuerpos con puntajes más altos tenían un pene notable. Claro está que también fueron evidentes ciertos comunes denominadores como una alta estatura, espalda ancha y cintura angosta. 

Biológicamente un genital grande tiene más posibilidades de concebir. Entre los primates, una hembra se reproduce con diferentes machos y sólo aquel esperma predominante será el afortunado en fertilizar el óvulo, por lo tanto, mientras mayor capacidad de albergue tenga en los testículos mayor será la expulsión de semen. El hombre tiene los testículos más pequeños entre los primates, sin embargo, no se ve envuelto en ese embrollo de “competición espermática”.

El ser humano posee el pene más grande proporcionalmente entre los primates, además, tiene un aditamento especial que le permite expulsar de la mujer el semen ajeno en un 95% y funciona como un jalador-limpiador: el glande. Durante la relación sexual, el pene se encarga de limpiar la zona para garantizar que sólo sus espermatozoides tengan acceso al óvulo. En esta situación, mientras más ancho y largo, mejor se hará la limpieza.

Visiblemente, siempre se nos harán más atractivos unos genitales más grandes de lo que estamos acostumbradas a ver, pero sin llegar a la exageración, un órgano masculino demasiado grande puede ser intimidante e incluso infundir miedo a la receptora.

Más allá de que “el amor entre por los ojos”, realmente no existe un tamaño ideal, depende de cada mujer. Habrá quienes los prefieren cortos pero anchos, o quienes no les importe que sea como un fideo pero que sea largo. Al final de cuentas y sin dar tantos rodeos, para las mujeres el sexo no sólo es físico, también es mental y omitimos ciertas cosas si el hombre sabe compensarlas con otras.

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miércoles, 12 de junio de 2013

¿Se te subió el muerto?

Por: Flor Khaleesi

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¿Alguna vez te has despertado a mitad de la noche con el cuerpo paralizado? Intentas exclamar una señal de auxilio, pero emitir sonido alguno se torna imposible; te invade la ansiedad seguida de la desesperación, la respiración es lenta y el pecho parece estar siendo oprimido, como si una fuerza superior te controlara.

Al llegar al trabajo, narras a tus colegas tu agonía nocturna de sentir que se te sube el muerto e intentas explicar todas las sensaciones y sentimientos experimentados. Entras en comunión con quien ya lo ha vivido, mientras que los demás escuchan con escepticismo o sorpresa lo que parece ser una experiencia paranormal.

Algunos cuentan que, en el lapso de la crisis, llegan a ver una sombra sobre su cuerpo, una especie de aura negra o la energía de un espíritu que ha invadido y paralizado al templo humano.

Los de mente racional argumentan que es solamente un mito y que esta sensación es el efecto provocado por la posición en que se encuentra el cuerpo cuando se está dormido, e inclusive hay quienes aseguran que es el resultado de dormir con las manos sobre el pecho y oprimir el corazón, lo que dificulta la circulación de la sangre. Por otro lado, los de mente intuitiva defienden con uñas y dientes que una fuerza paranormal se acercó demasiado a ellos, muchas veces lo relacionan con algún reciente fallecimiento o un espíritu que no ha podido descansar y se encuentra aún en el plano terrenal.

Sin desestimar la creencia colectiva, es necesario prestar más atención a la frecuencia de este tipo de episodios porque, de presentarse de dos o tres veces por semana, lo puedes estar confundiendo con una afectación patológica llamada Parálisis del sueño.

Cuando dormimos, experimentamos dos tipos de sueño: el no REM que es un periodo de relajación y el REM (Rapid Eye Movement, “movimiento rápido de ojos), periodo en que se producen los sueños. La conjunción de ambos se denomina ciclo del sueño.

Durante el periodo REM, nuestro cerebro pasa por cuatro fases. En la primera, el sueño es ligero y podemos percibir ruidos y movimientos, también se producen imágenes extrañas o fantásticas, por lo que hay un leve movimiento ocular. El sueño es más profundo en la segunda fase, pero se tiene la capacidad de despertar fácilmente y no se presenta movimiento ocular al igual que la tercera fase, donde el sueño es más profundo y hay una elevada amplitud de actividad delta en el cerebro. Es hasta la fase cuatro que el sueño es profundo y es difícil despertar.

En el estado REM se producen los sueños, hay mucha actividad ocular y desaparición del tono muscular. El cerebro está activo pero el cuerpo está inmovilizado, ya que el tronco muscular bloquea las neuronas motrices. Esto evita que tu cuerpo realice todos los movimientos que en el sueño estás realizando y los reduce a pequeños espasmos. Por ejemplo, si estás soñando que corres por un valle, la inmovilización producida por el estado REM evitará que te levantes de tu cama y corras hasta estamparte con algún muro de tu casa.

Es en este estado que se produce la parálisis del sueño. El cerebro tiene alta actividad cerebral y percibe una gran cantidad de información del entorno donde nos encontramos dando la impresión de que estamos despiertos, pero con el efecto inmovilizante en el cuerpo.

Hay hábitos que debemos tomar en cuenta para tener un buen ciclo del sueño y evitar este tipo de sucesos, entre ellos, tener horarios fijos de descanso, cenar ligero, no abusar del cigarro, alcohol y drogas además de mantener un peso adecuado.

La recomendación de los profesionales de la salud para salir de un episodio de parálisis del sueño es cerrar los ojos, relajarse, evitar entrar en crisis y concentrar los pensamientos en mover una parte de cuerpo. Cada fase tiene una duración específica, así que no te preocupes, tarde o temprano “el muerto” saldrá de ti.

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miércoles, 5 de junio de 2013

Mesa para uno


Por Violeta Ese
Comer solo tiene sus ventajas y desventajas. Ventajas; siempre pasas primero que los que esperan en grupo e incluso en pareja. Desventajas; mientras sigues al host te enfrentas al juicio silencioso de los que aún no han sido asignados. Quienes vienen en grupo te miran con resentimiento y los que vienen en pareja, con cierta compasión.
Una vez instalada en la mesa, lo que sigue es reconocer qué hay a tu alrededor y buscas, aunque no quieras, otro igual a ti que esté comiendo en soledad, lo más cercano es el chico que espera a la chica, esto lo sabes porque sólo ha pedido un café y revisa constantemente su celular. Además, su cara de pánico escénico lo delata. Se siente observado aunque nadie lo mire.
Llega la mesera quien te pregunta si te deja una carta, al contestar sí, de forma agresiva quita la manteleta y los cubiertos de enfrente. Lees el menú y haces la orden mientras amablemente dices no al paquete de comida que te incluye refresco y café “gratis”. Durante la espera y al no tener interlocutor, tienes dos opciones; una, ver a la gente que come acompañada o bien, seguir con tu lectura en caso de que seas lector asiduo, de lo contrario, el celular siempre funciona.
Todo va bien, has vencido a los que esperan en la recepción del restaurante, descubriste que no hay otro solitario y que de vez en vez, esas mesas con cuatro o más personas te miran mientras cucharean su sopa. Quizá se preguntan si esperas a otro ser humano, algunos descubren que no porque te vas primero que ellos, otros, se quedan con la duda.  
Eres un guerrero y así te sientes, por lo que es momento de disfrutar en tranquilidad tus alimentos, pero, en mis más de diez años de experiencia como comensal solitario, recientemente me pasó algo que, a quienes se los he contado, fue un buen acto, pero para mí y de seguro para quienes han vivido mi condición de comer solo con regularidad, les parecerá de mal gusto.
Mientras esperaba mi platillo y bebía mi tradicional naranjada mineral, la mesera, que al principio fue agresiva en su lenguaje corporal, me trae, acompañada de una sonrisa casi blanca, una malteada de fresa espumosa y fría. Ante mi asombro le contesto que yo no pedí dicha bebida, y ella, con un brillo especial en los ojos me responde, “cortesía de la casa, nena. Para que no te sientas solita”.
En ese momento ella mató mi adultez, mi independencia y mi fortaleza para exponerme sola a un mundo de hambrientos que gozan comer en compañía. Todo se perdió, guardé mi libro y bebí de la malteada mientras ella se queda frente a mí, como una madre que le ha concedido el mejor regalo a su pequeño hijo enfermo.
A partir de ahora, mi comida, ese momento íntimo que tengo conmigo misma, se ve perturbada por su constante presencia que pregunta sí todo está bien. ¿Cómo explicarle que no necesitaba, ni remotamente, de su caridad?
Lo que es un hecho, es que tendré que dejar más propina por atenciones no solicitadas y buscar otro restaurante, si regreso, la relación mesero comensal será incómoda, ella no sabrá cómo decirme que no puede obsequiarme otra malteada y yo no sabré cómo decirle que no me interesa.

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